Aguila de Bonelli o Perdicera
Si tuviera que escoger en estos momentos un ave de bajo vuelo, seguramente me decidiría por un azor, si tuviera que elegir un halcón, tomaría sin pensarlo un peregrino, y si me ofertasen la posibilidad de volar un águila, pondría sobre mi alcandara una perdicera.
Solo he adiestrado dos águilas a lo largo de mi vida, y aunque no soy “aguilero”, en el estricto sentido de la palabra, siempre he sentido por estas y por quienes las manejan, una tremenda admiración. Al águila perdicera o bonelli (Hieraetus fasciatus), como a mí me gusta llamarla, la naturaleza le ha otorgado todas las cualidades necesarias para ser un ave de cetrería….. Carácter, belleza, proporciones, agilidad y unas manos desproporcionadas capaces de dar caza desde las bravas perdices, y las rápidas y ecurridizas torcaces, hasta las inteligentes grajillas y las todopoderosas liebres.
Andalucía y toda la franja mediterránea tiene mucha Borelli. Curiosamente es un águila que aunque preferentemente elige los tajos de piedra para asentarse y reproducirse, también, aunque en muchísima menor proporción, anida en árboles.
En Portugal, hasta hace apenas una década, los nidos de perdiceras se contaban con los dedos de una mano. Estudios recientes han demostrado que hay más pareja de las que se pensaban, siendo curioso que todos los nidos localizados se encuentren sobre árboles, de ahí la dificultades que entrañaba su censo.
Hace unos meses, mi buen amigo el halconero lusitano, Rui Fortunato, uno de los grandes conocedores de las zonas de reproducción de la bonelli en Portugal, me brindo la oportunidad de visitar un nido en los alrededores de Lisboa, concretamente, una muda situada en un viejo eucalipto. Rui, con tesón y paciencia, había logrado que los habitantes de esa comarca la respetasen. El avance de la construcciones humanas, así como el cercano paso de una autovia no habían sido obstáculo para que las bonellis sacasen adelante esa primavera, dos hermosos pollos. Acompañados por un grupo de amantes de las bonellis, entre los que se encontraban mi buen amigo, el productor sevillano Manuel Osborne y el compositor y fotógrafo de naturaleza lusitano, Simoes Almeida, nos embarcamos en la empresa de filmar y fotografiar a las bonellis, la aventura como podéis comprobar por las imágenes obtenidas, mereció la pena.
Foto: Almeida Simoes